Ernesto Castro en Barcelona en diciembre de 2020. Foto de mi autoría.

Lectura de ‘Memorias y libelos del 15M’, de Ernesto Castro

El 10 de marzo de 2021 la editorial Arpa publica el nuevo libro de Ernesto Castro, centrado en aquello que fuimos y que dejamos de ser los que vivimos, como veinteañeros, el 15M

Luna Miguel
5 min readFeb 22, 2021

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Hace unos días encontré un artículo de Libertad Digital en el que rememoraban, con tono burlón, una columna mía escrita a los 20 años, hablando del 15M y del orgullo que suponía que te llamaran “jipi sucio” en las tribunas conservadoras.

Quién me iba a decir por aquel entonces que la cabecera para la que yo trabajaba — en apariencia moderna, tal vez incluso antecesora, por tono y por estética, de lo que luego serían todas esas revistas virales online cuyo final no resultaría menos trágico que el de Público — terminaría además por convertirse en un medio abiertamente tránsfobo, tan poco puntero, de un feminismo casposo.

No digo con esto que las cosas fueran mejor antes, sólo me lamento de cómo algunas viran hacia lo peor de sí mismas. Hacia aquello que criticaban, que criticábamos. Lo que me lleva a preguntarme: ¿he virado yo misma hacia lo peor? ¿Me he convertido a los 30 en lo que detestaba a los 20? ¿Me he acomodado, aquí todo el día pensando en caliente?

Creo que todas estas preguntas, aunque formuladas de otro modo, son las que sobrevuelan el nuevísimo libro de Ernesto Castro. Sí: nuevísimo porque el grueso de su contenido está escrito a lo largo de 2020, partiendo de cero, incluso si estas ‘Memorias y libelos del 15M’ al principio querían ser una reedición crítica del libro que él mismo publicaría —el Alpha Mini de ‘Contra la postmodernidad’— , hace ya casi una década, como libelo del movimiento al que tan unido estuvo como estudiante y como activista.

Hoy que en las calles de mi ciudad los jóvenes salen, por tercer año consecutivo, a destrozar mobiliario urbano, azuzados por la represión vírica, por la desconexión ante una nueva clase política — ¡la quinceemera, já — del quiero y no puedo, y por la guarrería censora de los que ven mayor delito en quienes ironizan con nuestros medios de comunicación morbosos que con aquellos que verdaderamente, día tras día, cometen la violación; tal vez sea justo pensar que sí, que el proceso de concienciación colectiva que comenzó hace 10 años no ha terminado. ¿Pero seremos nosotros, treintañeros precariamente acomodados, cuerpos plenos de las batallitas de aquella primavera intensa, capaces de quemar suela por los que vienen, o acaso ya nos hemos convertido en un odioso tapón?

‘Memorias y libelos del 15M’, o al menos la parte nuevísima a la que yo me refería antes, esa que Castro escribió en 2020, tal vez influido por la oleada de autobiografías y memorias a las que tan concienzudamente nos hemos dedicado les chiques de su generación, pone el foco en lo que el autor vivió hace una década, para demostrar cuán desenfocados estamos ahora y para proponer, sutilmente, qué deberíamos hacer con nuestras miradas. Si en ‘Ética, estética y política’ a mí me pareció que Castro había escrito una novela desordenada sobre la precariedad millennial, y si en ‘El trap’ el autor nos la coló a todos hablándonos de hipocresía de clase entre páginas y páginas repletas de nombres de artistas con no más de mil reproducciones en Spotify, en ‘Memorias y libelos del 15M’ el filósofo hace lo propio y termina en parte por convertir este extraño tocho en un ensayo, ojo cuidao, sobre feminismo.

Como si nuevamente se tratara de una novela, ‘Memorias y libelos del 15-M’ está protagonizado por cuatro potentes mujeres que se envolvieron en el movimiento con mucha más fuerza y entrega que el protagonista narrador, y tal vez por una quinta en discordia, que rodeó la causa con ligereza, aunque su presencia sólo sea un pretexto para anticipar cómo años más tarde también ella rodearía al autor con sus ligeros brazos. Pero la posición de ‘Memorias y libelos del 15M’ no es la del pavo que quiere deconstruirse, ni tampoco la del falso aliado feminista que hace caja, sino más bien la de quien sabe que ideológicamente nunca, jamás, podrá serlo.

En esas encrucijadas se revuelve Castro, va hacia ellas, como siempre con su humor y su socarronería, en lo que también se ha convertido en su mayor ejercicio de estilo hasta la fecha. Para los periodistas que lean esto, pregúntenle en la promoción por sus correcciones enfermizas, por su terror a la rima interna, por los endecasílabos encubiertos para ese año 11 que tan determinante fue en su vida y en la de tantas, cuando aún no le paraban por la calle para pedirle fotografías, ni las editoriales le acosaban para que les escribiera libros insulsos sobre chuminadas filosóficas.

Quien haya escuchado alguna vez a Ernesto Castro en sus conferencias subidas a YouTube, se habrá percatado de algo que dice mucho, hasta la saciedad, sobre que él prefiere pedir perdón a pedir permiso. No sé si en ‘Memorias y libelos del 15M’ él pida todos los perdones que debiera, pero sí que intuyo su apertura a un diálogo para el que muchos otros responderían con cerrazón.

Me gustaría terminar esta lectura con una cita o aforismo del propio autor, que no tiene nada que ver con este libro ni con ninguno de sus anteriores, pero que yo recuperé de una nota de voz que Castro me envió en enero de 2020, por DM de Instagram, antes de que su rostro desapareciera de las redes sociales. No explicaré el contexto de la misma, pero, llegadas a este punto, merece la pena subrayarla, pues explica a la perfección la voluntad del libro del que os hablo: «Yo no quiero cambiar el mundo, quiero comprenderlo para perdonar lo cruel que llega a ser en ocasiones». Así sea.

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